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ECOLOGÍA Y PAZ: UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA

Para las comunidades indígenas que aún consiguen mantenerse unidas, hablar de ecología y paz suena como una visión de un cielo nuevo y una tierra nueva. Y aquí, en el Centro de Educación Cultural Apu Palamguwan (APC) [i], en el norte de Mindanao, Filipinas, se busca este nivel de reflexión entre los jóvenes y en las comunidades en general, utilizando sus planes ancestrales para conservar el territorio y los recursos indígenas y “Querida Amazonia” (exhortación apostólica del Papa Francisco tras el sínodo de la Amazonía) [ii] como caminos a seguir.

                                                          Mindanao, Filipinas

La juventud anhela un cambio desde hace mucho mucho tiempo, mucho antes de la pandemia del Coronavirus. Aquí, en las tierras altas, las opciones de cambio (y futuro) para muchos jóvenes indígenas suelen presentarse de dos maneras:

La más “tradicional” es a través de la asimilación, donde se pierde la identidad cultural y los jóvenes suelen ser absorbidos en la base de la pirámide urbana como trabajadores temporales de la construcción o trabajando en gasolineras, granjas avícolas, mercados o, en el mejor de los casos, como guardias de seguridad. Las mujeres jóvenes pueden encontrar un hogar seguro para trabajar, pero se arriesgan sufrir explotación. Por supuesto, hay algunos que tienen éxito a los ojos del mundo.

La otra es a través de un retraimiento social, reforzando la desconfianza imperante hacia la sociedad en general que les genera rechazo o sospecha. La desconfianza es una justificación cada vez mayor para atentar contra los derechos humanos.

Pedro Walpole, autor del artículo, con un grupo de jóvenes (ph: ecojesuit.com)

Limitada por estas opciones, la juventud puede conformarse con la perspectiva de que las actitudes hacia ellos y ellas por parte de la sociedad en general están ya establecidas y no pueden hacer nada para cambiarlas. Como resultado, hay quienes optan por unirse a grupos armados que se forman en torno a al descontento por la riqueza de la sociedad, el imperante dominio de las grandes corporaciones y su propia exclusión.

Con estas condiciones sociales, económicas y políticas, se da el escenario idóneo para una explotación más expansiva de la tierra, los recursos y las personas. Un ejemplo reciente es el arresto y posterior asesinato de nueve líderes indígenas de la comunidad de Tumandok, en protesta por un proyecto de represa en la isla de Panay, en Visayas occidental, en el centro de Filipinas, y que fueron sometidos a marcas rojas, la práctica mortal de etiquetar a grupos o individuos que se perciben como críticos del gobierno, como “comunistas” o “terroristas” [iii].

Proyecto minero Pantakan (ph: atenews.ph)

En noviembre, la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas aprobó un proyecto minero para la estracción de cobre y oro por un valor de 5.900 millones de dólares en Tampakan el centro de la isla de Mindanao[iv], dando luz verde a la empresa minera para explorar y extraer mineral en las tierras ancestrales de los indígenas B’laan. Esto ha estado sucediendo durante más de 30 años, desde que se descubrió la mina a mediados de 1980, provocando la división intencionada del pueblo B’laan.

A pesar de que los grupos indígenas de todo el mundo sean manipulados y forzados a aceptar su división en la degradación de sus propias tierras ancestrales, no existen mecanismos globales de transparencia y rendición de cuentas para hacer frente a semejante injusticia. Cuando hablan de sus tierras ancestrales, de las que se sienten parte, es fácil entender que estas culturas digan: “nosotros pertenecemos a la tierra, no somos dueños de ella”. Poseer y vender tierras es la primera ruptura de la comunidad y de la cultura. A menudo se acepta como parte del concepto de modernidad y progreso que va ligado al desarrollo humano. Sin embargo, estas son crudas ilusiones de un orden mundial gravemente desequilibrado.

Se dice que la educación es clave, niveladora. Pero la educación reducida al conocimiento sin la actitud adecuada se vuelve manipuladora. De quién es la educación y para quiénes/qué son las preguntas que hay que hacerse. Hace casi 30 años, APC comenzó a trabajar con personas de la comunidad a través de programas de educación formal basada en su cultura, utilizando sus tierras ancestrales como “bibliotecas”. La cultura atesora un enorme saber, del que se han nutrido durante siglos innumerables exploradores, botánicos y mineros, e incluso National Geographic. Esto ha ocurrido durante toda su existencia, sin ninguna derechos de autor. ¿Cómo podemos revaluar nuestras actitudes y acciones para un mundo mejor juntos, juntas?

Lo que aprendimos en APC fue que los niños y niñas deben permanecer juntos para aprender de una cultura que genera esperanza y oportunidades con nuevas actitudes y compromisos. El Dalēpaan, el lugar seguro para relacionarse con los demás y reflexionar sobre su historia ancestral, los mantiene unidos. Basándose en la cultura y no en el plan de estudios, el Dalēpaan nutre los procesos de resolución de conflictos y ayuda a desarrollar la paciencia y la comprensión necesarias para avanzar unidos. Hace unos años pude visitar Bolivia y conocer el increíble trabajo de Fe y Alegría. Para mi asombro, encontré sus esfuerzos en las Yachay Wasi, un hogar cultural y de conocimiento [v], que funciona exactamente como al Dalēpaan en APC.

Necesitamos un término medio de mayor equidad, uno en el que se vea a las personas pobres con ojos de integridad: “…juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra;…” (Isaías 11: 4).

El año pasado, después de poner en marcha los distintos niveles educativos desde infantil hasta 12° grado en 20 comunidades pequeñas, APC inició cursos profesionales para los estudiantes a través del programa “Facilitación del aprendizaje y Liderazgo para la paz” con el programa Jesuit Worldwide Learning [vi], para profundizar en nuevas alternativas de acción para la juventud.
Lo que se busca es la transformación social, no una polarización de actitudes. Y éste es el mayor desafío para la educación en la actualidad: el desarrollo y discernimiento del sentido y la importancia de la actitud y la responsabilidad. De lo contrario, la ciencia es una cuestión de elección y la tecnocracia sigue siendo un derecho de los poderosos.

Fuentes:
[i] Centro de Educación Cultural Apu Palamguwan (APC)
[ii] Querida Amazonia
[iii] https://newsinfo.inquirer.net/1378106/justice-sought-for-9-slain-in-panay-raids
[iv]  https://newsinfo.inquirer.net/1353286/ncip-allows-tampakan-mining-project-in-ancestral-domain
[v]  https://edujesuit.org/listing/yachay- wasi-the-house-of-knowledge
[vi] https://www.jwl.org/

 

Este artículo ha sido traducido por Leticia Alonso, ¡muchas gracias Leti!

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