Los efectos de la pandemia en la migración en situación irregular

Soy Rafael Moreno, jesuita de 79 años, coordinador de la Red Jesuita con Migrantes de Centro América, México, EE UU y Canadá. Llevo 78 días de confinamiento “voluntario”.
Todo lo que está sucediendo a nivel mundial por causa de la pandemia del Covid-19 me ha ayudado a tomar más conciencia de la fragilidad, transitoriedad, interdependencia, complementariedad de los seres humanos y de nuestro destino común, de tal suerte que he quedado convencido que de esta crisis sólo podremos salir adelante en comunidad y sin dejar a nadie atrás.

Me ha servido también para experimentar por primera vez lo que significa ser del grupo más vulnerable: sentirme más frágil que la mayoría. Aunque me costó aceptarlo, he tenido que asumir tener que priorizar protegerme a proteger pues en caso de contagiarme generaría más problemas a las personas con las que convivo, que el aporte que puedo dar si tomara un rol de vanguardia. Debo confesar que he logrado quedarme en casa por tener el privilegio de poder desde aquí realizar gran parte de mi trabajo y contar el cuidado de los jesuitas de mi comunidad.

También he podido barruntar lo que se siente pertenecer al grupo de los desechables, al tomar conciencia de que si llegara a contagiarme estando saturados los hospitales, preferirían darle cuidados intensivos a otra persona de menor edad que a mí.

Estas tres experiencias me han servido para incrementar el sentido y la responsabilidad de ser coordinador de una Red que pretende servir a personas tan vulnerables como son las migrantes en situación irregular. Me he solidarizado más con ellas porque lamentablemente son infinitamente más vulnerables y descartables que yo.

Ya desde antes de la pandemia estaban pasando por una coyuntura de mayor riesgo y exclusión porque en este año, al agudizarse la pobreza y la violencia en los países de C.A. se incrementó la necesidad de emigrar, pero al mismo tiempo se redujeron las posibilidades de lograrlo al aumentarse los riesgos de asalto, secuestros, extorsiones y de pérdida de su vida durante su trayectoria por México y al cerrárse cada vez más la frontera de EE UU. Por otra parte el endurecimiento de las políticas migratorias de ambos países ha hecho que sea más constante y mayor el temor y la probabilidad de ser detenidas, encarceladas y deportadas por las autoridades mexicanas o estadounidenses durante su recorrido o estancia en el país de destino.

La pandemia incrementó aún más su vulnerabilidad y exclusión dado que se les han reducido los apoyos con los que contaban las migrantes en su recorrido por México, al haber cerrado muchos de los albergues que les ofrecen alimentos, ropa, hospedaje, medicinas. Se han quedado sin poder iniciar o terminar los trámites para solicitar refugio por estar cerradas indefinidamente las oficinas que se encargan de ello, sobre todo en EE UU; se han incrementado los efectos negativos de la detención y deportación porque los centros de detención para migrantes y el proceso de deportación son focos de alto riesgo de adquirir el Covid 19 por carecer de medidas sanitarias para evitarlo.  También se les han reducido notablemente las posibilidades de encontrar o conservar un  trabajo que les permita sobrevivir y enviar remesas, lo que ha afectado a sus familias que dependen de éllas. Las personas migrantes han quedado excluidas tanto de las ayudas económicas, como de los programas de atención sanitaria otorgados por los Gobiernos.

A pesar de todo ello, muchas de estas personas migrantes están cubriendo heroicamente en México y en EE UU puestos que los nacionales no quieren ocupar, no obstante que muchas de ellas han quedado contagiadas y aun han muerto a causa del coronavirus. Por otra parte continúa el flujo de migrantes, no obstante haber tanto riesgo y menos apoyos. Como consta en las fotos, familias con bebés o adolescentes no acompañados siguen migrando con la esperanza de encontrar un lugar que les ofrezca mejores condiciones de vida.

Lo que nos están revelando estas migrantes tan vulnerables es que la situación en sus países de origen es tan insoportable que no les queda más remedio que migrar. También nos siguen enseñando que no obstante el incremento de las adversidades que padecen, mantienen y comunican esperanza.

 


P. Rafael Moreno sj es el coordinador del nodo CA-NA (Centro América – Norte América) de la Red Jesuita con Migrantes.

 

 

 

 

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