En contexto de refugio, la educación cobra un valor doble

En un contexto de refugio, la educación cobra un valor doble. Así lo defiende Gonzalo Sánchez Terán, profesor, escritor y experto en ayuda humanitaria, que durante 6 años fue responsable del Servicio Jesuita al Refugiado en África del Oeste.

La primera defensa de la educación de los niños en los campos de refugiados es su propio derecho a recibirla. Pero después hay varias causas que la hacen todavía más importante para la vida de las personas en esto espacios de desplazamiento forzoso y de difícil convivencia.

Un dato relevante es que el sida se extiende dos veces más rápido entre las chicas que no han ido a la escuela que entre las que sí han tenido algún tipo de escolarización. Un vínculo directo entre escuela y salud, que salva vidas.

También da tiempo a las madres a ocuparse de la casa, de la comida, de la familia, de su formación profesional… Las mujeres son personas determinantes en el mundo, en general, y particularmente en contextos de pobreza. Cada minuto más de libertad, de su propio tiempo, que se puede dar a una madre mejora la calidad de vida de toda la comunidad. Llevar a un niño a la escuela es liberar una mano de su madre (habitualmente pasea por el campo con un hijo en cada mano y otro a la espalda), y con ello mejora la higiene, la salud, la vida de esa familia en general, al tiempo que supone una oportunidad de educación para su hijo.

La escuela en un campo de refugiados es un espacio de protección. Tenerles allí varias horas al día, en una zona de guerra, de reclutamiento, protege a las niñas y niños. Los secuestros, como dato, no se producen en horas de colegio. Y disminuye enormemente la probabilidad de violaciones.

En campos con división étnica refuerza el sentimiento de comunidad y se convierte en un lugar de encuentro también para las familias. Y el hecho de tener allí a los niños juntos, supone una ayuda logística para tener un fácil acceso a los menores a la hora de llevar a cabo campañas de todo tipo (vacunación, alimentación, información,…).

Refuerza la identidad

La escuela, en este tipo de situaciones es una forma básica de apoyo psicosocial contra el trauma del desplazamiento forzoso y refuerza la identidad de los niños. Por primera vez, y a diario, el nombre de cada uno se cita en alto. Y eso, cuando su identidad se diluye en la dureza de un campo de refugiados, es muy importante para el niño.

Y, sobre todo, defiende que la escuela, para los niños refugiados, ofrece una idea más esperanzada de futuro para ellos ya que tiene el poder de abrir puertas y oportunidades.

Resumen de José Luis Barreiro Areses, Coordinador Entreculturas Galicia – Asturias de la charla de Gonzalo Sánchez-Terán, quien ofreció una charla sobre esta temática a los estudiantes de la Universidad de Santiago de Compostela el pasado 10 de abril.

Gonzalo Sánchez-Terán trabajó en varios campos de refugiados en África, en consultoría de Ayuda Humanitaria en Zimbaue, Madagascar, Zambia, Costa de Marfil, Kenya, Chad, Uganda y RD del Congo, además de asesorar a ONGs locales en países como Sudán, Jordania, Corea del Sur, Malasia, India o Nicaragua, entre otros. Es profesor de la Universidad Fordham de Nueva York y colaborador en varios máster de cooperación en las universidades de Comillas, Deusto y UIC de Barcelona.Colabora con Entreculturas en la Campaña Mundial por la Educación 2018. 

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